Campanas, Hondas y Seda: La Vaquilla de Colmenar Viejo
La Vaquilla es un ritual invernal con raíces en las migraciones ganaderas medievales, donde rebaños con nombre recorren las calles, campanas repicando, y el año muere oficialmente con un disparo. Todo termina de la única manera posible: con rosquillas y limonada, que simbolizan la sangre de una vaca de madera.
MADRID
2/7/2026


La Vaquilla: Hasta que vuelvan las vacas
Mientras el resto de España lamenta el final de las vacaciones de invierno, Colmenar Viejo se prepara para representar su propio ritual de la “muerte del año”. A finales de enero, se recogen pañuelos de seda, se pulen cuernos de ganado y se perfecciona el arte de hacer chasquear las hondas de cuero. En el centro de todo está La Vaquilla, una fiesta que parece salida de una alucinación medieval y que celebra las históricas migraciones ganaderas de la región. En esta festividad, las “vacas” están representadas por armazones de madera cubiertos de cintas, mantones de seda y pequeños adornos. Solo los cuernos son reales.
Estos son los coloridos vestigios del pasado pastoril del pueblo, revividos por un vaquillero que danza bajo el armazón, la estructura de madera, avanzando entre la multitud y dando vida a la vaca de madera. Con estos espíritus ornamentados marcando el camino, las calles estallan con el repicar de campanillas y el chasquido seco de las hondas, mientras 25 vaquillas recorren el pueblo, convirtiendo cada calle en un auténtico teatro bovino.


La forma en que se nombran estos 25 grupos distintos aporta personalidad a cada uno y proviene de la costumbre pastoril de bautizar a las vacas según su temperamento, en lugar de numerarlas. El elenco de este año incluye nombres como La Descará, la primera vaquilla formada íntegramente por mujeres, junto a La Revoltosa y La Zalamera.
La jerarquía del rebaño
Para quien observa desde fuera, rodeado de sedas y del estruendo de las hondas, La Vaquilla puede parecer puro caos. Sin embargo, hay un método en esta aparente locura. Cada participante sigue una cadena de mando heredada de las antiguas cuadrillas de pastoreo. En el centro de todo se encuentra el Mayoral.
El Mayoral viste el tradicional traje de corto, con la chaqueta apoyada sobre el hombro izquierdo. Aunque puede recordar a un torero, su función es muy distinta. Es quien dirige al grupo y porta la honda, no como arma, sino como símbolo de autoridad. El Mayoral marca el ritmo y los movimientos del rebaño, como un pastor que domina este ritual centenario.
Tras él marcha una formación ordenada de hasta 20 vaquilleros, vestidos con camisas blancas, pañuelos rojos al cuello y pantalones de pana negra recogidos bajo la rodilla.


Avanzan en procesión con arneses de cuero bordados y adornados con grandes campanillas de latón, cuyo sonido constante acompaña todo el recorrido. Cada vaquillero lleva una honda, que hace restallar con fuerza para reforzar las órdenes del Mayoral con explosivos latigazos de cuero.
Cerrando la comitiva va el taleguero, el miembro más joven y pequeño del grupo. Lleva una alforja colgada al hombro y se encarga de recoger donativos en forma de dinero o alimentos entre los vecinos. Estas aportaciones financian la cena comunitaria de limonada y rosquillas, que pone el broche final a la celebración.
El atardecer y la matanza
Con la caída del sol, la fiesta alcanza su clímax con la matanza simbólica. Las vaquillas de madera, cubiertas de seda, cintas y cuernos, se reúnen en la Plaza del Pueblo. Tres disparos de fogueo rompen el aire y marcan la “muerte” del año. El ritual no termina en destrucción, sino en transformación, aunque nadie se detiene demasiado en el simbolismo. En cuanto se apagan los ecos de los disparos, la atención se traslada al reparto de rosquillas y limonada, una bebida que simboliza la sangre del animal sacrificado.
Más que un simple tentempié, esta comida compartida une a la comunidad hasta el próximo invierno. Mientras familias, amigos y vecinos prolongan la celebración entrada la noche, las vacas de madera se retiran por el resto del año, cuidadosamente almacenadas o transmitidas a la siguiente generación, con sus nombres y personalidades intactos para la próxima Vaquilla.


Más que una alucinación
La Vaquilla es mucho más que una fiesta. Es un gesto simbólico de una tradición con casi mil años de antigüedad, que sigue honrando la vida pastoril y agrícola que aún se respeta y se practica en Colmenar Viejo. No es un espectáculo creado para la promoción, sino un ritual alimentado por la participación genuina.
Cuando las vacas de madera se guardan como si fueran reliquias familiares, sus nombres y caracteres permanecen vivos. En Colmenar Viejo, el año no termina con una hoja del calendario, sino cuando suena la última campana y la “sangre” de la vaquilla se comparte entre vecinos, asegurando que, incluso en 2026, el alma medieval de la sierra siga teniendo un lugar donde bailar.
¿Quieres descubrir más de los festivales más fascinantes de España? Hungry Culture cuenta las historias que hay detrás de cada celebración, y nuestra lista de videos cortos hace que La Vaquilla cobre vida. Siente el repicar de las campanas, mira a los vaquilleros en acción y sumérgete en la tradición tú mismo.
Síguenos en redes sociales para recibir novedades cada día y suscríbete a nuestro boletín para que las últimas historias lleguen directo a tu correo.
© 2025. All rights reserved.
Transparencia IA: Este sitio utiliza marcadores generados por IA y herramientas editoriales asistidas por IA. Ver nuestra Policia de Transparencia.
Política de privacidad ◈ Declaración de accesibilidad ◈ Divulgación de IA ◈ Mapa del sitio
